Neurociencia social

John Cacioppo.

Entrevista

1.-Nuestro cerebro es una gran red. La sociedad en la que vivimos es otra gran red. ¿Cómo se entretejen estas redes? ¿Qué estudia la neurociencia social?

En el contexto de un siglo de investigación psicológica encabezada por el psicoanálisis, el conductismo y las ciencias cognitivas, todos los cuales enfatizaron el individualismo, es fácil olvidar que los humanos son una especie social. Las especies sociales, por definición, crean organizaciones emergentes más allá del individuo -estructuras que van desde parejas y familias a grupos, comunidades y culturas. Estas estructuras emergentes evolucionaron mano a mano con los mecanismos neuronales, endocrinos, celulares y genéticos para apoyarlos, porque los comportamientos sociales consiguientes ayudaron a estos organismos a sobrevivir, reproducirse, y cuidar de los hijos el suficiente tiempo para que estos también se reprodujeran.

La neurociencia social es un campo de investigación surgido en las últimas dos décadas para indagar estos mecanismos neuronales, neuroendocrinos, celulares y genéticos y las estructuras, factores y procesos sociales con los que hacen interfaz . Entre los asuntos activamente investigados en neurociencia social, por ejemplo, están los efectos de factores sociales sobre el cerebro y el funcionamiento biológico, la supuesta existencia de circuitos especializados para las funciones sociales, la naturaleza de las interdependencias entre los genes y los entornos sociales, y los mecanismos biológicos que subyacen a la cognición social, las interacciones sociales, y los procesos de grupo. De hecho, el descubrimiento de los mecanismos biológicos que subyacen a las interacciones sociales es uno de los principales problemas a abordar por las neurociencias del siglo XXI.

2.- ¿Qué partes del cerebro son las más activas en el trato social?

El trato social es producto de una compleja serie de procesos de componentes integrados, cada uno de los cuales puede asimismo dividirse en operaciones específicas de procesamiento de información (cálculos) realizadas por varias regiones del cerebro. Así, las interacciones sociales están asociadas con una fuerte activación de la mayoría de las regiones del cerebro, pero esta activación refleja muchos procesos componentes distintos, de modo que no da un resultado científico particularmente útil. El desarrollo y aplicación de métodos de neuroimagen ofrece medios poderosos para el estudio de las funciones cerebrales, pero el conocimiento resultante es más probable que sea beneficioso cuando se combine con un análisis conceptual que descomponga las complejas construcciones psicológicas. Estas construcciones se pueden dividir en estructuras componentes, representaciones, procesos y cálculos; mediciones convergentes de sucesos neuronales en diferentes escalas temporales y espaciales; mediciones del comportamiento que permitan un análisis en detalle fino de las asociaciones entre cerebro y conducta; y experimentales (por ejemplo, lesiones, estimulación magnética transcraneal) y estudios en animales no humanos que prueben el supuesto papel de estructuras específicas, circuitos o procesos del cerebro.

Además, los meta-análisis cuantitativos son importantes para ir más allá de las idiosincrasias de los estudios individuales, y las investigaciones de neurodesarrollo pueden contribuir a nuestra comprensión de las asociaciones entre cerebro y conducta. Una vez hecho esto en la investigación, nos encontramos con regiones específicas (por ejemplo, la región de tejido cerebral que rodea la unión temporal-parietal) asociadas con operaciones específicas (por ejemplo, cambios en la atención y control) que hacen posible para los individuos, por ejemplo, el adoptar las perspectiva de una persona con la que están interactuando.

3.-Cómo animales sociales: ¿Qué clase de cosas podemos contagiarnos unos a otros?

Los animales sociales interactúan, por lo que es más probable que las enfermedades bacterianas y virales puedan ser transmitidas de un individuo a otro. Tal vez es menos evidente que la soledad, las emociones y los comportamientos también pueden ser contagiosos. Si estás cerca de personas que están felices y sonrientes todo el día, encontrarás que también serás más sonriente de lo normal estando con ellos a pesar de que puedas no ser consciente de esta influencia. La soledad también es contagiosa, aunque el mecanismo es ligeramente diferente. Cuando te sientes solo, eres más sensibles a las amenazas sociales. Este sesgo de atención puede resultar en que uno perciba una amenaza en el comportamiento inocente, pero ambiguo, de otro, y en una reacción exagerada cuando alguien no sea bastante generosa en la interacción. Como resultado de esto, las personas que se sienten solas tienen interacciones sociales más negativas que aquellas otras que no, y con el tiempo esto les lleva a que tengan menos amigos o contactos de menor calidad con las amistades. Cuando alguien nos trata mal, es más probable que tratemos a algún otro de manera negativa. Esto significa que la persona cuyo amigo está solo (y que fue maltratada por este amigo solitario) es también más propensa a actuar de forma negativa con los demás y con el tiempo, tener menos amigos y contactos de menor calidad con ellos, y así sucesivamente.

4.-¿Qué pueden hacer las relaciones sociales por nuestra salud?

Solitude (soledad) expresa la gloria de estar a solas, mientras que loneliness (soledad*) expresa el dolor de sentirse solos. Millones de personas sufren a diario de soledad*, un estado psicológico debilitante que se caracteriza por un profundo sentimiento de vacío, inutilidad, falta de control, y amenaza personal. Los estudios con gemelos revelan que la soledad es estable en el tiempo y hereditaria, con aproximadamente igual parte atribuible a la herencia y a los factores ambientales compartidos en la edad adulta. Aunque la gente pueda sentirse sola en un matrimonio o en una multitud, los factores situacionales asociados con la soledad incluyen el nivel socioeconómico, estado civil, la frecuencia de contacto con amigos y familiares, el número de roles sociales, la participación en organizaciones voluntarias, los síntomas de salud física y limitaciones físicas.

La soledad también ha demostrado estar relacionada con diversos efectos en la fisiología y en la salud que están por encima y más allá de lo que puede explicarse por el aislamiento social objetivo o el apoyo social, incluyendo una mayor resistencia vascular, elevada presión arterial, aumento de la actividad hipotálamo-hipofisario-adrenal (HPA), baja expresión de los genes que producen los elementos de respuesta antiinflamatoria a los glucocorticoides (GREs) y sobre-expresión de genes que producen elementos de respuesta pro-inflamatoria de los factores de transcripción NF-κB/Rel, deterioro del sueño, inmunidad alterada, falta de vida independiente, alcoholismo, progresión de la enfermedad de Alzheimer, obesidad y una salud física deficiente.

La soledad se ha asociado con estados mentales deficientes, además de los de salud física, incluyendo afecciones psiquiátricas como los trastornos de personalidad, la hipocondria, la esquizofrenia, ideas y comportamientos suicidas y depresión. La asociación entre soledad y síntomas depresivos se ha llevado a incluir puntos tales como “Me sentí solo” entre las mediciones putativas de la sintomatología depresiva. Desde una perspectiva teórica, tanto la soledad como la depresión son estados aversivos, desagradables, pero la soledad se ha caracterizado por cómo se siente la gente con sus conexiones sociales y la depresión por cómo se siente en general. Los estudios empíricos diseñados para determinar la relación entre la soledad y los síntomas depresivos se han encontrado con que son estadísticamente y funcionalmente distintos. Por otra parte, la soledad y los síntomas depresivos están sólo moderadamente correlacionados en la mediana edad y los ancianos. La investigación longitudinal existente apoya aún más la distinción entre soledad y sintomatología depresiva, y la soledad predice aumentos en la sintomatología depresiva por encima y más allá de lo que podría explicarse por los niveles basales de esta última.

5.-¿En qué se parecen y en qué se diferencian nuestras redes sociales de las de nuestros ancestros? ¿Están perdiéndose hoy importantes vínculos del pasado?

Nuestro trabajo con escáneres cerebrales, marcadores fisiológicos y análisis de heredabilidad nos ha permitido situar a la soledad en un contexto evolutivo, que pone de relieve su utilidad. En los comienzos de nuestra historia como especie, sobrevivimos y prosperamos sólo formando grupos-en parejas, en familias, en tribus- para proporcionar protección y asistencia mutuas. La soledad evolucionó como cualquier otra forma de dolor. Como señalábamos anteriormente, esta fue un apremio para renovar las conexiones que necesitábamos para asegurar la supervivencia y promover la confianza social, la cohesión, y las acciones colectivas.

El hambre, si es ignorada, puede ser seguida por devastadores efectos en el cerebro y en la biología que en última instancia, reducen la capacidad de la persona en la naturaleza para encontrar y capturar alimentos. La soledad, también, si es ignorada, puede tener efectos perjudiciales que hacen más difícil a la persona el escapar de sus grilletes. Por otra parte, cuando los hijos tienen largos períodos de absoluta dependencia, simplemente sobrevivir para reproducirse no es suficiente para garantizar que nuestros genes lo hagan en el acervo genético. Así tenemos la soledad como un sistema para volver a conectar con los demás, así como para que nuestros hijos sobrevivan el tiempo suficiente para que ellos, también, se reproduzcan. En la sociedad contemporánea, nuestros grupos son más grandes, más transitorios, y con más probabilidades de estar mediados por la tecnología. Esto expone a la gente a un mayor riesgo de aislamiento social.

6.-¿En qué está trabajando ahora? ¿Cuál es su mayor reto? ¿Qué misterio desearía desvelar?

Como señalé anteriormente, la investigación ha mostrado repetidas veces que la falta de lazos sociales aumenta el riesgo de una salud deficiente. Las investigaciones recientes han
demostrado que la consecuencia de una deficiente salud física y mental está distalmente asociada con el aislamiento social, y más proximalmente con el aislamiento social percibido, y no se puede explicar en términos de distintas conductas de salud. Estudios recientes han identificado alteraciones en la regulación de la biología inflamatoria en los leucocitos por el eje hipotálamo-hipofisario-adrenal (HPA) como un mecanismo potencial de riesgos de salud asociados al aislamiento.

Las personas que muestran niveles crónicamente altos de aislamiento social subjetivo han mostrado un aumento mayor en sus niveles matinales de cortisol, y alteraciones en la transcripción a través del genoma de genes diana de los glucocorticoides y de NF-kB. Estas alteraciones relacionadas con el aislamiento en la biología de los leucocitos pueden derivarse de una desensibilización funcional del receptor de glucocorticoides (GR) en las personas aisladas que, a su vez, está inversamente relacionado con la expresión de NF-kB, un factor clave en la regulación de las respuestas celulares a las infecciones, el cáncer y la inflamación. El deterioro de la transcripción de genes de respuesta a los glucocorticoides y el aumento de la actividad las vías de control transcripcional proinflamatorio proporcionan una explicación genómica funcional para el elevado riesgo de enfermedades inflamatorias en los individuos que sufren crónicamente altos niveles de aislamiento social percibido. Los análisis genómicos iniciales testaron una relativamente pequeña muestra y no identificaron los mecanismos biológicos específicos que mediaban los efectos observados. Tratamos de extender aquellos resultados iniciales: (1) Ampliando el intervalo de los análisis genómicos, (2) identificando los aspectos específicos del control transcripcional mediado por glucocorticoides que conducían a dichos efectos, (3) determinando la plausibilidad de un papel causal del aislamiento social subjetivo en la predicción del control transcripcional en estudios longitudinales, y (4) Estableciendo un modelo animal de aislamiento social subjetivo que pueda proporcionar una plataforma para estudios experimentales.

Además, la metáfora dominante en el estudio científico de la mente humana durante la segunda mitad del siglo XX ha sido el computador -un dispositivo solitario con enormes capacidades de procesamiento de información. Nuestros estudios de la soledad nos ha dejado insatisfechos con esta metáfora. Las computadoras de hoy son dispositivos ampliamente interconectados con capacidades que van mucho más allá del hardware y el software residentes en un equipo solitario. Se nos hizo evidente que los telerreceptores (por ejemplo, los ojos, los oídos) del cerebro humano han aportado la interconectividad de banda ancha inalámbrica para los seres humanos durante milenios. Al igual que los ordenadores tienen capacidades y procesos que son transducidos a su través pero van más allá del hardware de un equipo individual, el cerebro humano ha evolucionado para fomentar las capacidades sociales y culturales y procesos que se transducen a su través pero que se extienden mucho más allá de un cerebro solitario.

Para comprender plenamente la capacidad de los seres humanos, hay que apreciar no sólo la memoria y el poder computacional del cerebro, sino también su capacidad para representar, comprender y conectar con otros individuos. Es decir, hay que reconocer que hemos desarrollado un potente, un cerebro social creador de significados. Este cerebro social no siempre es un cerebro benevolente, no obstante. Nuestra investigación ciertamente dice que los seres humanos son capaces de guiarse por la competencia despiadada y el mezquino interés propio, pero también muestra que tenemos un adicional, maravillosa capacidad de cooperar, preocuparnos por los demás tanto como por nosotros mismos, y competir de justas y mutuamente beneficiosas maneras. Como sociedad, puede ser importante encontrar formas de promover lo último sobre lo primero en los individuos.

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