Los hermanos Minami e I

 “Me levanté con los dientes apretados, y eché a correr
entre las hierbas y bajo los árboles hacia el interior
cada vez más oscuro y tenebroso del bosque…”  Arrancad las semillas…, Kenzaburo Oé

I.

Al atardecer
el mundo se quiebra
en la quietud del bosque

a pecho descubierto
sin padre
ni madre
ni perro que nos ladre

sin sol
sin luz
y sin moscas

II.

En japón
los niños fingimos infancia

un largo acto escolar
para quienes nos piden
que juguemos en la ladera
de una montaña nevada
donde los perros nos acechan
con sus ojos de muerto

¡jueguen! – ordenan
¡canten sus canciones!

quieren que soñemos
una ciudad de huesos
entre los cuerpos podridos
de una enorme fosa

III.

Nos temen,
conocen el poder que nos dio el hambre

pero hemos dormido
entre sus sábanas
como larvas

y ya no les alcanzará
con arrancarse los ojos

IV.

Nos llega la muerte niña
atragantados en nuestras alas

de rodillas en un surco
dejamos que la tierra
nos devore en sus raíces:

somos lánguidos
arbolitos
los niños secos

V.

Crecer es
matar tu primer pájaro

besar la primera boca abierta
con ojos de paloma

beber el primer trago
de las manos de un anciano
enterrar con tus uñas por vez primera
cadáveres de gatos,
insectos
o cabras
traducir a tu primer muerto
de su lejana lengua

VI.

Hay días
en que nuestra pequeña memoria
solo tiene espacio
para una lágrima oscura
que nos amamanta

Masao

“Estas son alas de ángel. Vuela como un pájaro.
Vamos, vuela.”
El verano de Kikujiro. Takeshi Kitano

I.

Es nuestro día
los peces vuelan de a cientos
y se nos escapan
los colores de las manos

no reímos en nombre
de los peces
reímos porque el aire
se cree mar
y nos moja

II.

En la alegría
el corazón se ensancha
como un níspero afiebrado

fruta exquisita
con un centro de hueso
que a ellos les molesta
entre los dientes

III.

En japón
no nos quedan
pájaros
peces
ni niños
que no sean
de papel

IV.

Una estación de abandono
y el ángel talismán
para borrar todo pasado
y volver a crecer
como lo hace la hierba

sin conciencia

V.

Llorar no es dejar que los ojos estallen
como una bomba caliente
en medio de tu cara

llorar es aceptar que estamos
hechos de agua
y que hay ríos que no callan

Morir, en cambio,
es apagarse la luz o el fuego
terminar del todo
cualquier cosa

VI.

Es nuestra sinfonía de japón
orillas de un mar sediento
y el puro navegar
en un barco de papel
plegado sobre sí mismo

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