¿Cuantos ateos se necesitan para cambiar un foco?

Unos diez.Bueno, uno solo para cambiar el foco, pero los primeros nueve que encuentras probablemente digan “Bueno, no hay luz. ¿Por qué hacer un escándalo por eso?” O, tal vez, “Quizá sí hay una luz, y simplemente no podemos verla”.

Cuando nos identificamos como ateos, nos encontramos con varias preguntas y objeciones:

¿Cómo puedes estar tan seguro?

Debido a que la palabra ateo es clara y sin ambigüedad, mucha gente supone que tenemos una especie de fe negativa, una certeza capaz de resistir cualquier evidencia de un dios, incluso si tal evidencia fuera revelada.

La verdad es que en un sentido absoluto, con una total certeza lógica, no estamos seguros. ¿Quién lo está? Sólo aquellos que afirman creer, no solamente en algún dios espiritual nebuloso, sino en esas antiguas religiones que, de hecho, han sido refutadas. Tenemos evidencia directa y apodíctica de que la historia del Arca de Noé no es cierta. Aun así, las personas que consideran que este relato es irrebatible están entre aquellas que nos desafían por decir que somos a -(sin) teos (creyentes en un dios).

Tal vez exista un dios que gobierne el universo, y tal vez haya criaturas que vivan bajo las piedras de Marte y controlen nuestras mentes mediante telepatía. No hemos buscado debajo de todas las piedras marcianas. Ambas ideas son imposibles de refutar. Incluso si algún día llegamos a mirar debajo de todas las piedras de Marte, tales criaturas, como controlan nuestra mente, pueden hacernos imposible detectarlas.

La gente que quiere que digamos las cosas con delicadeza se halla frecuentemente entre aquellos a quienes les agrada pretender que en realidad no existimos. Predican que no hay ateos en las trincheras, a pesar de las protestas de veteranos de guerra ateos, y repiten relatos falsos de conversiones en el lecho de muerte de bien conocidos librepensadores, desde Darwin hasta Darrow.

Muchos creyentes usan iconos en sus cuellos o en sus autos porque se sienten obligados a anunciar que lo que piensan es verdad. Algunos entregan folletos en las esquinas, o incluso tocan a las puertas de hogares de desconocidos para compartir su visión del mundo. En este ambiente, si nos asustamos demasiado de declarar nuestra incredulidad, estamos ayudando a la causa de éstos.

Sí existimos. No creemos. Y tenemos el derecho, e incluso la obligación, de decirlo en un lenguaje claro.

¿Qué diferencia hay?

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