Vera Rubin

  Cuando a mediados de la década de 1960 Vera Rubin empezó a medir la velocidad de rotación de las estrellas de la galaxia Andrómeda, observó algo muy extraño: las situadas en los extremos giraban casi a la misma velocidad que las más internas. ¡Eso no tenía sentido! Las leyes de la física establecían que si las zonas centrales de las galaxias tenían una densidad de materia muy superior —como era el caso de Andrómeda—, allí la gravedad era mayor y las estrellas deberían rotar mucho más rápido. Era tan obvio que nadie antes se había preocupado en comprobarlo. La primera reacción de Vera Rubin al ver que esto no se cumplía en Andrómeda fue pensar que sus mediciones estaban equivocadas, o que quizá esa galaxia era especial Sin embargo, cuando realizó más mediciones y observó que en otras galaxias espirales tampoco disminuía la velocidad de rotación de las estrellas a medida que se alejaban del centro, se dio cuenta de que algo importante no encajaba. La publicación en 1970 de sus inequívocos resultados agitó a toda la comunidad cosmológica: si las estrellas en el exterior de las galaxias giraban a la misma velocidad que las centrales, eso implicaba que debían de estar rodeadas de la misma densidad de materia. Pero ¿qué materia? Los telescopios no veían nada. La interpretación de los resultados de Vera Rubin fue rompedora: confirmaban la extravagante idea expuesta en los años treinta por un astrofísico suizo muy peculiar.

Hay personas que te inspiran, y Vera Rubin sin duda es una de ellas. De verdad es impactante estar con una persona que en su octava década de vida continúa apasionándose por el conocimiento científico, acude a diario a un centro de investigación donde todo el mundo la venera, y se sorprende de que alguien pueda mirar al cielo nocturno sin sentir deseo por conocer la estructura del universo. Cuando pretendes explotar su perspectiva y le preguntas si la astrofísica ha cambiado mucho desde que ella empezó a investigar hace más de cincuenta años, sonríe, mira hacia arriba, y es capaz de responder de un tirón: «En la primera década del siglo XX descubrimos que el universo se expandía; en los años veinte, que nuestro Sol no era el centro de la Vía Láctea; en los treinta, que había galaxias fuera de la nuestra propia; en las décadas de 1940 y 1950 aprendimos a interpretar las ondas que nos llegaban del espacio; en los sesenta descubrimos la radiación de fondo de microondas; en los setenta, la materia oscura; en los años ochenta vimos que en el centro de cada galaxia había un agujero negro; en los noventa llegó la energía oscura y la expansión acelerada del universo, y en esta primera década del siglo XXI estamos asistiendo a la explosión de los planetas extrasolares. Ha sido un gran siglo, y no hay ninguna razón para imaginar que esto vaya a parar». «¿Y cuál prevé que será el gran descubrimiento de este siglo?», pregunto excitado y de inmediato. «Encontrar algún planeta con vida extraterrestre —responde convencida—. Nuestra galaxia tiene 200.000 millones de estrellas, y sabemos que existen como mínimo 200.000 millones de galaxias. No importa de cuántas maneras quieras combinar los elementos químicos. Me sorprendería muchísimo que no hubiera seres parecidos a nosotros, y muchos otros tipos de vida, en un cosmos tan descomunal.»

Pere Estunpiyá El ladrón de cerebros

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