Alan Turing

The mathematician and second world war codebreaker Alan Turing is to be celebrated on a special stamp as an online petition calls for a posthumous pardon to quash his conviction for gross indecency.

The computer pioneer is one of 10 prominent people chosen for the Royal Mail‘s Britons of Distinction stamps, to be launched in February, which includes the allied war heroine Odette Hallowes of the Special Operations Executive, composer Frederick Delius and architect Sir Basil Spence, to mark the golden jubilee of Coventry Cathedral.

Turing worked as part of the team that cracked the Enigma code at Bletchley Park, and went on to help create the world’s first modern computer. This year marks the centenary of his birth.

He was convicted of gross indecency in 1952, when homosexual acts were illegal in the UK, and sentenced to chemical castration. He killed himself two years later by taking cyanide. The e-petition says his treatment and death “remains a shame on the UK government and UK history”.

In 2009, the then prime minister Gordon Brown issued an unequivocal apology on behalf of the government to Turing, describing his treatment as “horrifying” and “utterly unfair”. Brown said the country owed him a huge debt.

Vía

Probablemente, el nombre de Alan Turing no les resulte familiar a la mayoría de quienes lean este texto, pero hay razones de peso para ver en él a uno de los personajes más influyentes e interesantes del siglo XX. El hecho de que Turing sea considerado como “el padre de la informática moderna” ya podría justificar por sí solo dicho estatus, si pensamos en la importancia que han adquirido los ordenadores y sus redes en nuestro mundo de hoy; pero es que, además, de Turing ha podido escribirse que su contribución a la derrota del nazismo fue aún más importante que la de Churchill o la de Eisenhower: Turing, en efecto, trabajó durante la Segunda Guerra Mundial para la Inteligencia británica, poniendo su extraordinaria mente y sus conocimientos tecnocientíficos al servicio del diseño de máquinas y técnicas que permitiesen a los aliados descifrar los textos en clave –elaborados por la célebre máquina de cifrado Enigma– de las comunicaciones enemigas que interceptaban. El notable éxito que alcanzó Turing en este cometido fue vital para proporcionar a los aliados, durante gran parte del conflicto, una ventaja sobre los nazis que bien puede considerarse como decisiva.

Así pues, tras la derrota del poder hitleriano, el Reino Unido, y de hecho el mundo entero, tenían motivos muy importantes para estarle profunda y sinceramente agradecidos al brillante matemático. Su país le condecoró como Oficial de la Orden del Imperio Británico (OBE) en 1945, pero durante años se mantuvo en secreto, por razones de seguridad, el trabajo que había realizado para el Foreign Office. Después de la guerra Turing realizó un importante trabajo en la Universidad de Manchester en las disciplinas, entonces aún en pañales, de la computación, la inteligencia artificial y la cibernética.

En 1952, sin embargo, ocurrió la catástrofe. Turing llegó un día a su casa y descubrió que, en su ausencia, alguien había entrado a robar; acudió entonces a la policia para denunciar el hecho… y como consecuencia de la investigación policial, él mismo terminó acusado de “indecencia grave y perversión sexual“. Se descubrió entonces que Turing había mantenido una relación con un joven de 19 años, al que conocía desde hacía poco tiempo, y que estuvo implicado en el robo; aparentemente, fue este mismo joven el que posibilitó al ladrón la entrada al domicilio del matemático. Así que Turing fue condenado por haber llevado a cabo prácticas homosexuales (“un ‘delito’ cometido en privado que a nadie dañó”, escribe Dawkins), y el Estado –ese mismo Estado británico que tanto le debía al científico– le dio a escoger entre la cárcel y una especie de castración química. Turing optó por la segunda. Durante un año le inyectaron estrógenos para “reducirle la libido“, y lograron volverlo impotente y que le creciesen pechos similares a los de una mujer. Su imagen pública había quedado totalmente arruinada. Turing había sido humillado públicamente por el Estado, y llevaba en su cuerpo las marcas de su vergüenza.

El 8 de junio de 1954 su asistenta lo encontró muerto en su cama; a su lado, sobre la mesilla, una manzana a medio comer. Un par de semanas más tarde hubiese cumplido 42 años. Se estableció que había muerto envenenado por cianuro, supuestamente inyectado en la manzana; oficialmente, la muerte de Alan Turing fue considerada como un suicidio, y hay quien afirma que éste, con la forma en que escogió morir, quiso recrear su cuento favorito, el de la Bella Durmiente. Pero también se apunta que no es posible descartar la hipótesis de un asesinato, ya que Turing, por su homosexualidad, habría sido considerado por la Inteligencia británica como un riesgo potencial para la seguridad nacional. Aunque la empresa Apple no lo ha confirmado, se ha apuntado que el logo de dicha firma, una manzana a la que le falta un trozo ya mordido, podría ser una especie de homenaje póstumo a Turing.

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