Mesalina

El emperador romano Claudio acababa de ajusticiar a su esposa Mesalina, cuando, un día, asombrado de no verla en la mesa, preguntó: “¿Por qué Mesalina no viene a comer?”.

Fuente

Cayo Suetonio Tranquilo sobre el físico de Claudio

«Su persona ostentaba cierto aspecto de grandeza y dignidad, ya en pie o sentado, pero sobre todo en reposo, pues era alto y esbelto, tenía un rostro bello, hermosos cabellos blancos, y cuello robusto; pero cuando marchaba, sus inseguras piernas le hacían tambalearse, y cuando hablaba, tanto en broma como en serio, le afeaban sus taras: una risa desagradable, una cólera más repulsiva aún, que le hacía echar espumarajos por la boca, nariz goteante, un insoportable balbuceo y un continuo temblor de cabeza que crecía al ocuparse en cualquier negocio por insignificantes que fuese». 

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