Mente y cuerpo

Supongamos que hay dos relojes —propuso Geulincx, el discípulo holandés de Descartes— y que ambos son muy exactos. Cuando uno de ellos indica la hora, suena la campanilla del otro. Sí uno no conociera su mecanismo, o cómo fueron hechos, podría suponer equivocadamente que los movimientos de uno hacen sonar al otro. Así funcionan la mente y el cuerpo. Dios, el relojero, creó a cada uno de ellos independiente del otro, y luego los ciñó el uno al otro y los puso en
marcha de tal modo que ambos están en perfecta armonía. Cuando yo me decido a levantar mi brazo, puedo pensar que mi mente actúa en mi cuerpo, pero en realidad ambos se mueven de manera independiente, y cada uno es una parte del aparato de relojería de Dios, tan perfectamente armonizado.

René Descartes

 

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