Las visiones de Hildegarda

Vi un pozo ancho y profundo, lleno de betún ardiente y de azufre y a su alrededor había avispas y escorpiones que asustaban a las almas que allí se encontraban, pero no las herían; y estas almas eran las de aquellos que habían matado en defensa propia.
Vi una gran hoguera cerca de un estanque de agua clara. En este fuego ardían algunas almas, y otras estaban ceñidas por serpientes, y otras aspiraban y exhalaban el fuego como si de aliento se tratara, mientras espíritus malignos les arrojaban piedras ardientes. Y todas ellas veían reflejados sus castigos en el agua, y esto aumentaba su aflicción. Estas almas eran las de aquellos que habían apagado la semilla de la vida humana en ellos mismos, o que habían matado a sus hijos.
Y vi una gran ciénaga sobre la cual pendía una negra nube de humo que emanaba de la ciénaga misma. Y en las aguas se retorcía una masa de pequeños gusanos. Éstas eran las almas de aquellos que en vida se habían deleitado con diversiones necias.

Hildegarda de Bingen (1099-1179)

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