Error de atribución

Una vez alguien encontró un huevo de águila y lo puso en el nido de una clueca. El huevo se abrió simultaneamente con los de la nidada y el aguilucho creció junto con los pollitos. Durante toda su vida, el águila hizo lo que hacían los pollos del corral, pensando que era uno de ellos. Hurgaba en el terreno en busca de gusanos e insectos, cacareaba y cloqueaba, aleteaba levantándose del suelo algunos centímetros. Pasaron los años y el águila se hizo vieja. Un día vió encima de si, en el cielo despejado de nubes, un espléndido pájaro que planeaba, majestuoso y elegante, en medio de las fuertes corrientes de aire, moviendo apenas sus robustas alas doradas. La vieja águila alzó la mirada llena de estupor. “¿Quién es aquél?” , preguntó. “Es el águila, el rey de los pájaros -respondió su vecino, pertenece al cielo. Nosotros, en cambio, pertenecemos a  la tierra, porque somos pollos.” Y así el águila vivió y murió como un pollo puesto que pensaba que lo era.

Anthony de Mello (1931-1987): Mensaje para un águila que se creía un pollo

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