Efecto placebo

Farmacéutico: Buenos días. ¿En qué puedo servirle?

Él: Desaría una fórmula de placebo.

Farmacéutico: ¿Disculpe?

Él: Placebo, placebo. Esas pastillas de almidón que parecen un medicamento pero que no contienen principios activos, aunque funcionan como si los contuvieran y mejoran los síntomas proque producen el efecto placebo.

Farmacéutico: Si. claro, ya se lo que es un placebo…Oiga ¿le importaría aguardar un momento?

Él: Vaya, vaya, pero tengo cierta prisa. Me duele horriblemente la cabeza y querría tomar dos pastillas de esas. Mal no pueden hacerme, ¿verdad?

Farmacéutico: No, no…(Entra en la rebotica para consultarlo con su jefa). Doctora, ahí hay otro de los que piden placebo.

Doctora: ¿Otro? Pero si es el tercero hoy.

Farmacéutico: Creo que van a ser los primeros de una larga lista. Supongo que muchos habrán leído la noticia de ese experimento que explica por qué el placebo produce una mejora efectiva en los pacientes, aunque no contenga ningún principio activo.

Doctora: Ah, si, el experimento. He oído hablar de él. Basta con el pensamiento de estar a punto de experimentar un alivio para que el cerebro libere opiáceos naturales de efecto analgésico. Anticipar mentalemnte la curación equivale ya a curarse. No veo nada malo. ¿Por qué no dar un poco de placebo a los clientes que lo piden?

Farmacéutico: Dispense, pero no es tan sencillo. Podemos darles placebos, pero no podemos decirles que lo son.

Doctora: (Que escucha distraídamente minetras firma papeles). ¿Y qué diferencia hay?

Farmacéutico: Toda la del mundo. El efecto placebo solo se produce cuando uno está convencido de que se va a curar. Es decir, cuando piensa que lo toma no es un placebo. Si uno sabe que está tomando un placebo y no anticipa el resultado de la curación, adiós efecto.

Doctora: Tiene razón. El efecto placebo es el efecto de una mentira. A veces ignorar algo o tener una información inexacta puede resultar beneficioso.

Farmacéutico: Pero eso es una causa de conflicto moral para nuestra profesión, ¿no le parece? Si administramos un placebo “correctamente” (sin decírselo al paciente), vulneramos uno de nuestros principios deontológicos esenciales: informar correctamente al paciente.

Doctora: Entonces, ¿qué hacemos?

Farmacéutico: ¡Se me ha olvidado el cliene! (Vuelve a la farmacia). Perdone, le he hecho esperar.

Él: Mire, lo he oído todo.

Farmacéutico: (Molesto). Entonces …

Él: Entonces se acabó el efecto placebo.

Farmacéutico: Lo siento. (Reflexiona). Pero, perdone, usted entró aquí sabiendo que buscaba un placebo, ¿no es así?

Él: Desde luego. Estaba convencido de que me serviría de mucho, aunque no tenía ni idea de cómo funcionaba. Ahora que he comprendido de qué se trata, temo que no me haga el menor efecto. Deme un analgésico común y no se hable más.

Farmacéutico: Un momento, le propongo una cosa. Tal vez sea una solución para usted, que tiene dolor de cabeza y no desea tomar muchos medicamentos, y para mi, que tengo problemas éticos y no quiero mentir.

Él: Díagame.

Farmacéutico: Mire, le doy la posibilidad de extraer al azar uno de estos tres preparados diciéndole que uno contiene el placebo y los otros dos un potente analgésico. En realidad, en mi terna hay dos placebos y un medicamento auténtico. De ese modo solo le miento en parte; mucho menos de lo que le mentiría si le dijera que no le estoy suminstrando placebo alguno (en resumén, dos trecios de verdad). Al mismo tiempo, queda garantizada una buena dosis de efecto placebo, puesto que usted no tiene modo de distinguir los medicamentos. Le garantizo dos tercios de efecto placebo, por así decirlo, contra un tercio que corresponde a la probabilidad de tomar un medicamento auténtico. ¿Qué le parece?

Él: Deje que lo piense. Eso significa que si utilizamos el sistema varias veces, acabaré tomando un verdadero medicamento sólo una de cada tres. Me parece buena idea.

Farmaceutico: Excelente. ¿Qué preparado desea?

Él: (Dudando). Usted afirma que me está mintiendo y lo dice claramente, especificando incluso en qué medida. Por tanto no puedo creerle. Así que ahora me espero un placebo dos veces de cada tres, y no una de cada tres como usted ha dicho. Pero si es así, volvemos al principio, porque el placebo sólo surtirá en mi la mitad del efecto esperado …

Farmacéutico: Tiene razón. Creo que mi proposición es inútil. Por desgracia, no puedo ofrecerle nada mejor. No veo cómo suministrarle un placebo que sea éticamente correcto y al mismo tiempo eficaz.

Él: Yo también lo temo. Quizá haría debido mentirme sin más. Aún así le agradezco la honradez y la información; por lo menos tengo las ideas claras. Y bien mirado, hasta me ha desaparecido el dolor de cabeza.

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