Javier de Felipe

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“El cerebro no es como el universo, que no tiene fin. El cerebro es finito, cabe en la palma de una mano, y tenemos herramientas, lo que nos hace falta es tiempo”. Javier de Felipe es uno de los neurocientíficos más prestigiosos a nivel mundial y está convencido de que en un tiempo razonable desentrañaremos las claves para entender el cerebro humano. Esa es parte de la misión del proyecto que co-dirige junto a José María Peña, el Cajal Blue Brain, la rama española de un ambicioso programa internacional que pretende reunir toda la información posible sobre los circuitos básicos del cerebro, las columnas corticales.

“Nuestra intención es desentrañar lo que es la estructura interna del cerebro”, nos explica De Felipe, “es como la ingeniería inversa del cerebro, es decir, desmontar la máquina para ver cómo se construye”. Uno de los problemas que afrontaba el estudio del cerebro hasta ahora era la sobredosis de información aislada y la falta de coordinación entre distintos estudios. El objetivo de Blue Brain es coordinar todos los esfuerzos para entender cómo funciona la estructura más básica de la corteza cerebral y en la que pueden estar muchas de las claves que buscamos.

Los primeros pasos se están dando para reconstruir la columna cortical de una rata y después seguirán con cerebros más complejos. Para hacerse una idea de la complejidad con la que se enfrentan los científicos, basta decir que una sola columna de 2 milímetros de altura en el córtex de una rata tiene alrededor de 10.000 neuronas y mil millones de conexiones sinápticas. Por eso se necesitan miles de procesadores y se están empleando algunos de los ordenadores más potentes construidos hasta ahora, como el Blue Gene, instalado en Lausana, y que le da nombre al proyecto.

Lo que nos hace humanos

Pero, ¿qué diferencia este complejísimo bosque de neuronas en los humanos y en el resto de especies? “Uno de los grandes problemas”, asegura De Felipe, “es que no sabemos qué nos hace ser distintos, qué diferencia la neocorteza humana de la de un gato o la de un macaco”. La versión más aceptada, la que defiende la mayoría de la comunidad científica, es que se trata de una cuestión cuantitativa, es decir, poseemos las mismas estructuras pero los humanos tenemos una cantidad de columnas muy superior. Javier de Felipe, en cambio, cree que quizá hay una diferencia cualitativa y que las columnas tengan un desarrollo neuronal diferente.

“Hace unos años yo también estaba dentro del grupo que decía que la estructura es básicamente la misma”, nos explica, “pero solo había estudiado la rata y el ratón, no había visto cerebros de un primate ni tampoco humanos”. “Cuando fui a EEUU y empecé a trabajar con macacos”, recuerda, “ya vi que eran un poco distintos, pero aún no estaba convencido. Luego regresé a España y empecé a trabajar con cerebros humanos y veíamos que no tenía nada que ver con una rata; de repente veía estructuras y cosas y pensaba: esto nunca lo he visto”.

Estructura de una célula de double bouquet (De Felipe)

Para De Felipe y su equipo, el estudio exhaustivo de estas microestructuras puede dar la clave de estas diferencias. “Hay cosas dentro de esa columna que nos hacen ser distintos”, asegura De Felipe, “como son cierto tipo de neuronas que hemos estudiado”. Se refiere a unas neuronas que ya identificó Ramón y Cajal y que bautizó como células de double-bouquet. “Son como colas de caballo, forman una estructura muy regular”, asegura, “y solamente la hemos visto en los primates. Son células que no existen en los roedores, por ejemplo”.

“Aunque las células de double bouquet se han descrito en diversas especies”, escribe De Felipe en su ensayo “Reflexiones sobre lo bello, el arte y la evolución del cerebro”, “esta organización microcolumnar solamente se ha observado en el humano y otros primates, pero no en roedores (ratón, rata), lagomorfos (conejo), artiodáctilos (cabra) y carnívoros (gato, león, perro), lo que sugiere una diferencia fundamental en la organización de la corteza cerebral entre estas especies”.

En cualquier caso, De Felipe lamenta que esta cuestión tan apasionante no despierte tanto interés como debería. “Lo que nos hace ser humanos es nuestro cerebro”, concluye, “es sorprendente que no sea una cosa prioritaria de la población y que no estemos todo el día preguntándonos ‘oye, ¿cómo va el estudio del cerebro?’”. La respuesta, para los que sí están interesados, tendrá que esperar un tiempo, según el neurobiólogo, pero no será una incógnita para siempre.

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