Carta de Lope de Aguirre a Felipe II

En 1559 el segundo virrey del Perú Andrés Hurtado deMendoza, marqués de Cañete, encargó hacer una«entrada» en el país de los «omaguas» al conquistador Pedro de Ursúa, con la secreta intención de deshacerse de una gavilla de soldados levantiscos. Uno de estos fue Lopede Aguirre, quien al darse cuenta del engaño, se rebeló contra Felipe II, a la sazón el rey más poderoso de la tierra, y le envió esta sorprendente carta poco antes de morir, al ser apresado en el pueblo de El Tocuyo en Venezuela, el17 de diciembre de 1561. Una copia de esta carta fue hecha publicar por Bolívar.

«Rey Felipe, natural español, hijo de Carlos Invencible:Lope de Aguirre, tu mínimo vasallo, cristiano viejo, hijo de medianos padres, en mi prosperidad hijodalgo, natural vascongado en los reinos deEspaña, de la villa de Oñate vecino. En mi mocedad pasé el mar océano a las partes del Perú por valer más y por cumplir con la deuda que debe todo hombre de bien. Con la lanza en la mano, en veinticuatro años te he hecho muchos servicios en el Perú en conquistas de indios y en poblar pueblos en tu servicio, especialmente en batallas y reencuentros en que me he hallado por tu real corona y nombre, conforme a mis fuerzas y posibilidad, sin importunar a tus oficiales por pagas ni socorros, como parescerá por tus reales libros. Bien creo, Excelentísimo señor, aunque para mí y mis compañeros hayas sido cruel e ingrato, que por tan buenos servicios comohas recibido de nosotros me creerás en lo que te dijere, aunque tambiéncreo que te deben engañar los que te escriben destas tierras, como estástan lejos dellas.«Avísote (o acúsote), Rey español, que estos tus Reinos de Indiastienen necesidad de que haya toda justicia y rectitud para tan buenos vasallos como en estas tierras tienes, aunque yo, por no poder sufrirmás las crueldades que usan tus oidores y visoreyes y gobernadores, hesalido de hecho con mis compañeros, que después diré, de tu obediencia y desnaturarnos de nuestras tierras, que es España, para hacerte enestas partes la más cruel guerra que nuestras fuerzas pudiesen sustentary sufrir. Esto cree, Rey y Señor, nos ha hecho no poder sufrir los grandes pechos, premios y castigos injustos que nos dan tus ministros; que porremediar sus hijos y criados nos han usurpado y robado nuestra fama,vida y honra, que es lástima oír el mal tratamiento que nos han hecho.«Y yo estoy manco de mi pierna derecha, de dos arcabuzazos queme dieron en el valle de Chuquinga, con el Mariscal Alonso de Alvarado,siguiendo tu voz y apellido contra Francisco Hernández Girón, rebeldea tu servicio como yo y mis compañeros al presente somos y seremoshasta la muerte, porque ya de hecho hemos alcanzado en estos reinoscuan cruel eres y quebrantador de tu fe y palabras, y tenemos en estastierras tus perdones por de menos crédito que los libros de MartínLutero; pues tu visorey y Marqués de Cañete, malo, lujurioso, ambiciosoy tirano, ahorcó a Martín de Robles, hombre señalado en tu servicio, yal bravoso Tomás Vázquez, conquistador del Perú, y al triste de AlonzoDíaz, que trabajó más en el descubrimiento que los pobladores deMoisés en el desierto, y a Piedrahita, buen capitán que rompió muchasbatallas en tu servicio y, en Pucará, ellos te dieron la vida, porque siellos no se pasaran (a las banderas reales), hoy fuera FranciscoHernández (Girón) Rey del Perú.«No tengas en mucho el servicio de estos tus oidores que teescribieron haberte hecho, porque es muy gran fábula si llaman serviciohaberte gastado ochocientos mil pesos de tu real caja para sus vicios ymaldades. Castígalos como a malos que, cierto, lo son… //… puesestando tu padre y tú en los reinos de Castilla sin ninguna zozobra, tehan dado tus vasallos, a costa de su sangre y hacienda, tantos reinos yseñoríos como en estas partes tienes. Mira, Rey y Señor, que no sepuede llevar con título de Rey justo ningún interés de estas partes dondeno aventuraste nada, sin que primero los que en estas tierras hantrabajado y sudado sean justificados sus servicios.

«Por cierto tengo que van pocos reyes al infierno porque sois pocos,que si muchos fuérades, ninguno pudiera ir al cielo, porque creo queallí seríades peor que Luzbel, según tenéis la ambición, sed y hambrede hartaros de sangre humana. Mas no me maravillo ni hago caso devosotros, pues os llamáis siempre menores de edad. Y ansí, Rey y Señor,te juro y hago voto solemne a Dios de que yo y mis doscientosarcabuceros Marañones, conquistadores, hijosdalgo, de no te dejarministro tuyo a vida, porque ya sé hasta dónde llega tu clemencia. Eldía de hoy nos hallamos los más bienaventurados de todos los nacidospor estar, como estamos, en estas partes de las Indias teniendo la fe ymandamientos de Dios enteros; aunque pecadores en la vida, sincorrupción como cristianos, manteniendo lo que predica la Santa MadreIglesia de Roma y pretendemos, aunque pecadores, recibir martiriopor los mandamientos de Dios.«Caminando nuestra derrota y pasando todas estas muertes y malasventuras en este río Marañón, tardamos hasta la boca de él a La Mardel Norte más de diez meses y medio. Caminamos cien jornadas justas.Anduvimos mil y quinientas leguas por río grande y temeroso. Tienede boca ochenta leguas de agua dulce y no, como dicen, por muchosbrazos. Tiene grandes bajíos, ochocientas leguas de desierto sin génerode poblado, como tu Majestad lo verá por una relación que hemoshecho bien verdadera.«En la derrota que corrimos tiene más de seis mil islas. Sabe Dioscómo escapamos de este lago temeroso. Dígote, Rey y Señor, no proveasni consientas que se haga ninguna armada para este río tan malafortunado, porque, en fe de cristiano te juro, Rey y Señor, que si viniesencien mil hombres ninguno escape, porque la relación que otros dan esfalsa y no hay en este río otra cosa sino desesperar, especialmente paralos chapetones de España.«Hijo de fieles vasallos tuyos en tierra vascongada, yo, rebelde hastala muerte por tu ingratitud,

Lope de Aguirre, el Peregrino».

Fragmento tomado de: «Dos rebeldes españoles en el Perú» Rosa Arciniega, Edit. Sudamericana Bs As, 1946.

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