Entrevista a Carmelo Vázquez

El Dr. Carmelo Vázquez Valverde ocupa un lugar importante en el estudio de las emociones positivas y de la resiliencia. Dirige el Instituto de Promoción e Investigación del Bienestar (I+PIB) y, junto a Martin Seligman, coordina la sección en castellano de la web http://www.psicologiapositiva.org, desde donde se ofrece gran variedad de recursos en español. También es catedrático de Psicopatología en la Facultad de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid. Su campo de investigación se ha centrado en el estudio de los procesos cognitivos y emociones en el trauma, la depresión y la psicosis.

El Dr. Vázquez se licenció en dicha universidad en 1981, con Premio Extraordinario Fin de carrera, y se doctoró tres años después. Entre 1984 y 1986 completó una estancia postdoctoral con beca Fulbright en la Northwestern University (Illinois, EE.UU.), en colaboración con Lauren B. Alloy. En 1989 ganó la plaza de Profesor Titular en la Universidad Complutense de Madrid y la cátedra en 2005. En 1997 obtuvo el Premio de la European Association of Psychological Assessment al psicólogo europeo menor de 40 años con la trayectoria más distinguida de “Contribuciones científicas y profesionales a la Evaluación Psicológica como ciencia y como profesión”. A lo largo de su amplia trayectoria, ha investigado y publicado, en colaboración con Mª Dolores Avia, Georg Matt, Richard Bentall, Lauren B. Alloy, Gonzalo Hervás, Manuel Muñoz, y Pau Pérez Sales, entre otros.

¿Cómo ha evolucionado la Psicología Positiva desde sus inicios allá a finales de los 90?

La atención de los científicos durante el siglo pasado se ha centrado en analizar y reducir el sufrimiento humano, más que en investigar sobre la felicidad y el bienestar. Creo que Martin Seligman dio un impulso que propició un movimiento pujante, cada vez más respetado académicamente, y que ha originado programas de investigación fascinantes.

¿Cree que se puede entender el comportamiento humano focalizando sólo sus aspectos positivos?

Obviamente, no. Los psicólogos y científicos, en general, que se han venido ocupando de las emociones positivas provienen, en muchos casos, como el mío en particular, del ámbito clínico y de una gran sensibilidad hacia el dolor y el sufrimiento humano. Pero ignorar esos aspectos positivos que menciona en su pregunta, sería desequilibrar la balanza. Necesitamos el estudio riguroso de tales aspectos, para poder lograr una visión científicamente más acabada de la complejidad del ser humano.

¿Cuáles han sido, hasta ahora, los mayores hallazgos de la Psicología Positiva?

Aún es pronto para tener una buena perspectiva sobre los resultados. Para mí, quizás, lo más interesante es que se han comenzado a proponer áreas nuevas de estudio que antes era difícil de imaginar que tuviesen cabida en la ciencia más rigurosa. Ahora comenzamos a tener datos, a veces de una sorprendente magnitud, sobre la influencia positiva que elementos, como la gratitud o el perdón, tienen sobre el bienestar de la gente. Igualmente, impulsado por Martin Seligman, Ed Diener y el premio Nobel Daniel Kahneman, en países como EE.UU. y, probablemente, pronto en Europa, se están introduciendo indicadores de bienestar personal en estadísticas y censos de la población. Esto hace que sea una contribución de primer orden para medir y evaluar, por ejemplo, el impacto y la dirección de las políticas públicas.

¿Qué implantación tiene actualmente en España?

Estamos en un proceso de creación de sociedades científicas que permiten aunar ilusiones y esfuerzos de investigadores sobre este tema. Como contrapartida, la amenaza
es que se apoderen del término, prescindiendo de su rigor, vendedores de autoayuda no basada en la evidencia, o personas interesadas en sacar provecho de algo que puede estar de moda. En nuestro caso, con la colaboración inicial de más de 20 profesionales del mundo académico, hemos gestado la Sociedad Española de Psicología Positiva: Bienestar y Desarrollo Humano, como un modo de vertebrar la investigación y las intervenciones basadas en evidencias.

¿Forma la Psicología Positiva parte de los planes de estudios universitarios?

El sistema educativo español es desgraciadamente muy rígido y es difícil acomodar nuevas asignaturas. No obstante, hay excepciones de interés. Desde el año 1995, M.ª Dolores Avia (catedrática de la Universidad Complutense) dirige un curso de doctorado sobre emociones y repertorios positivos. Igualmente, me consta que en la Universidad Jaime I de Castellón se viene impartiendo un curso de Master bajo la dirección de la Prof. Cristina Botella. Igualmente, en la Universidad Complutense iniciamos
el año pasado un curso de verano de 100 horas, sobre Psicología Positiva. Son semillas interesantes que esperamos que proliferen

¿Hay índices de felicidad distintos según la edad?

A lo largo de la vida hay cambios muy importantes. En nuestro libro “La ciencia del bienestar” (Alianza Editorial) lo explicamos de forma muy detallada. La satisfacción experimenta cambios a lo largo de la vida, algunos de los cuales rompen muchos clichés: la época más tormentosa emocionalmente sucede en torno a la adolescencia y la primera juventud, mientras que las etapas más dulces de la vida (caracterizadas por una presencia mucho mayor de emociones positivas que negativas) giran en torno
a los 65-70 años. Otra cosa es cómo recordemos nuestra vida. La mayoría de las personas, paradójicamente, añoran su juventud, aunque no sea precisamente la época más feliz de la vida.

¿Podría explicarnos cuál es la diferencia de base entre “fluir” y un estilo de vida hedonista?

Es una pregunta interesante. El concepto de fluir está relacionado con la realización de algo absorbente y agradable, mientras tenemos la sensación de estar suspendidos en el tiempo. Estamos abstraídos realizando o creando algo. Hay un componente hedónico, sin duda, pero no se reduce a él. El concepto de fluir está asociado a la idea aristotélica de la buena vida: se trata de estados ligados a acciones “virtuosas”, es decir, aquéllas en las que ponemos en marcha elementos que, de algún modo, nos permiten desarrollarnos mejor como seres humanos o poner en marcha algunas de nuestras fortalezas.

¿Es la resiliencia una respuesta efectiva ante la depresión?
El uso de estrategias de afrontamiento eficaces para los síntomas anímicos depresivos, puede ser una pieza clave para llegar a solucionar problemas y a regular emociones. Ahí está la diferencia entre quien se deprime en sentido clínico de la palabra y quien simplemente “se entristece”. Un aspecto a considerar es que, en ocasiones, lo importante no es tanto qué estrategia usa la persona sino cómo se emplea y qué significado se le da. El concepto de resiliencia puede entenderse tanto como un producto (y en este sentido, alguien resiliente sería una persona que ha sido capaz de adaptarse positivamente a las adversidades y contrariedades de la vida), pero también como un proceso,
y en este sentido nos falta conocer mejor qué se pone en marcha para enfrentarse eficazmente a la depresión.

¿Se puede medir la felicidad de una nación?

Sí, aunque no hay modo de medir la satisfacción de las naciones si no es a través de lo que indican los propios ciudadanos. Primero hay que conocer  qué significa “ser feliz” en cada país. Capturar los aspectos esenciales de las diferencias culturales en la comprensión y vivencia de la felicidad es básico. Analizar diferencias entre las naciones ofrece la oportunidad de poder dar respuesta a cuestiones de peso como los sistemas de valores presentes en el nivel de bienestar psicológico de las personas. Algunos indicadores alternativos al PIB para la medida del bienestar de una sociedad, son el índice de felicidad del planeta planteado por la New Economics Foundation en 2006,
teniendo en cuenta no sólo la satisfacción vital de los ciudadanos, sino también el gasto energético o la huella ecológica de cada país, o el índice de Bienestar nacional de Kahneman.

¿Cuáles son las estrategias de afrontamiento más eficaces para mantener la salud emocional?

Seguramente, las mejores estrategias son aquéllas que nos mantienen conectados con los demás y hacen que participemos activamente en la vida. Junto a esto, como bien sabemos por la gran cantidad de investigaciones sobre el estrés, la aceptación de las adversidades sin recrearse en las dificultades que suponen, poder vislumbrar un futuro mejor, y una actitud de apertura ante la experiencia, son elementos clave.

¿Cómo definiría una organización positiva?

Las organizaciones positivas son aquellas que cuidan y protegen activamente a sus empleados. Organizaciones en las que hay un ideario de salud positiva (es decir, una propuesta por mejorar, o bien sostener la satisfacción de los trabajadores y cuidar, o, al menos, no obstaculizar, su desarrollo personal). Éstos son retos muy complejos.
La satisfacción está ligada, entre otros factores, a la sensación de crecimiento personal, a la autoestima, y a desarrollar relaciones satisfactorias. La empresa tiene un papel esencial en las vidas de las personas y no se pueden desperdiciar las 8 horas que una persona dedica a su entorno laboral. Esto no puede ser un paréntesis en el plan vital de un individuo.

¿Podemos aplicar los principios de la Psicología Positiva a todos los procesos de gestión de personas?

No soy un especialista en el campo de los recursos humanos, pero tengo la impresión de que sí. Los elementos de Psicología Positiva pueden estar presentes, de modo
transversal y continuado, en la gestión de las personas. Empezando desde la evaluación de las competencias y, mejor aún, de las fortalezas (algo que no está necesariamente
ligado a competencias específicas, pero que son mejores indicadores de capital humano), hasta las políticas de prevención de problemas y, sobre todo, de mejora de la calidad de vida real en el trabajo, atendiendo a los parámetros que nos va revelando la Psicología Positiva, pueden ser factores de importancia en esos procesos.

¿Qué mensaje le gustaría transmitir a los psicólogos/as que tienen responsabilidades organizacionales?

Quizás, el mensaje es que la responsabilidad de los psicólogos debe afectar no sólo a generar climas que no sean tóxicos o enrarecidos, sino a asumir que tenemos una cierta responsabilidad, no moral sino profesional, en contribuir a que el mundo sea un poco mejor. Lo que la Psicología Positiva ha podido lograr es traer un mensaje renovado de creer que se pueden hacer las cosas un poco mejor en el ámbito personal, pero, en este caso, en el organizacional e institucional. Pero para eso debemos asumir que la salud positiva, en un sentido amplio, debe ser el marco de nuestra actuación.

¿Desde su conocimiento teórico y práctico, cómo transformaría la universidad actual en una institución positiva?

Bueno, esto es un gran reto. Más que el cómo, que nos llevaría horas y páginas, le diré algo sobre el qué. Estamos obsesionados con los rankings de calidad. Yo mismo he tenido responsabilidades en el Ministerio de Ciencia e Innovación, sobre la gestión de la política científica en el ámbito de la psicología, y me preocupa mucho la productividad y la calidad. Pero creo que lo que se olvida es que las mejores universidades del mundo son aquellas que cuidan más a sus empleados y, sobre todo, a sus “clientes”. Tenemos una universidad muy despersonalizada, en donde no hay una preocupación tan alta como debería por el cuidado del talento y de las personas que trabajan o estudian en ellas. Hay un cierto clima de despreocupación sobre la protección, y ésta debería ser una cuestión central, probablemente, tanto como una mayor inyección de recursos económicos de las políticas universitarias. Hay un largo camino por hacer que va desde los espacios físicos en los que enseñamos, investigamos y convivimos, hasta la detección y cuidado de los talentos existentes, pasando por la creación de una sensación de pertenencia y fidelización a la institución que ahora, desgraciadamente, es casi inexistente.

Entrevista realizada por Maite Sánchez-Mora.

Revista Collegi Oficial de Psicòlegs de Catalunya (COPC), 224, juny/juliol 2010

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