Nuca he pensado que escribir fuera una profesión. Es una actividad independiente, solitaria, en la que la práctica nunca otorga un grado de veteranía. Por suerte, cualquiera puede dedicarse a esta actividad. Sean cuales sean los motivos políticos o personales que me conducen a escribir algo, en cuanto empiezo a escribir algo, en cuanto empiezo la escritura se convierte en una lucha por dar significado a la experiencia. Todas las profesiones tienen unos límites que definen la esfera de su competencia, pero también tienen un territorio propio. La escritura tal como yo la concibo, no tiene un territorio propio. El acto de escribir no es más que el acto de aproximarse a la experiencia sobre la que se escribe; del mismo modo se espeera que el acto de leer el texto sea otro acto de aproximación parecido. (Puerca tierra, 18).

Hasta hace relativamente poco tiempo, los únicos materiales de que disponían un pueblo y sus habitables para definirse a si mismos eran sus propias palabras habladas. El retrato que el pueblo hacía de si mismo era lo único que reflejaba el sentido de su existencia. Sin ese autorretrato –y el cotilleo, que es la materia bruta del mismo—el pueblo se hubiera visto obligado a dudar de su propia existencia. (p.22)

En un pueblo, la diferencia entre lo que se sabe de una persona y lo que se desconoce de ella, es mínima. […] El conocimiento que tiene el pueblo de cada individuo no es mucho menor que el de Dios., aunque su juicio sea diferente.

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