Experimento Marilyn

Según el filósofo y neurobiólogo Samuel F. Cooke, el siglo XXI podría traernos un nuevo futuro para nuestro pasado, gracias a las investigaciones que en su laboratorio de Boston están haciendo sobre los mecanismos de almacenaje y recuperación de los recuerdos en nuestro cerebro. Si somos capaces de manipularlos, seremos capaces de configurar nuestra propia historia según queramos que ésta sea.

Cooke piensa que el gran conocimiento que existe ya hoy en día sobre los nootrópicos, y el imparable avance de la tecnología en los laboratorios, nos permitirán en este siglo seleccionar con precisión los recuerdos que deseemos conservar y eliminar con precisión aquellos que no queramos tener, como en aquella película de Jim Carrey, Olvídate de mí. De hecho, ya se ha probado con éxito en víctimas de violaciones y de traumas de la guerra de Irak.

Y si somos capaces de apuntalar los recuerdos que queremos conservar en mejor estado, no hay ninguna razón científica que nos impida pensar que seremos capaces de manipularlos y embellecerlos a nuestro antojo. O, incluso, yendo un paso más allá, quizás podamos crear recuerdos sin haber vivido las experiencias correspondientes.

A esta última teoría neurobiológica, los científicos como S. Cooke la han bautizado como “Memory mimicry (MM), o “El Experimento Marilyn”, que juega con la idea de que todos los hombres querríamos tener el recuerdo de habernos acostado con Marilyn Monroe.

¿Es ciencia ficción? Puede que sí, pero lo cierto es que ya se han experimentado este tipo de atrocidades con ratones, y han dado resultados positivos. En el laboratorio de S. Cooke, en Boston, han podido eliminar el recuerdo de un ratón sobre una trampa eléctrica concreta, permaneciendo inalterable todo el resto de su cerebro. Y después de haberlo eliminado con éxito, han conseguido reimplantarlo de nuevo. Quizás estamos más cerca de acostarnos con Marilyn Monroe de lo que hemos pensado jamás. Y lo conseguiremos sin flores, ni cenas, ni nada.

Lo que más me llama la atención de estos experimentos es su dimensión ética. ¿Es bueno eliminar de nuestros cerebros aquellos recuerdos que no queremos conservar? ¿seguiríamos siendo los mismos sin esos recuerdos que nos hacen daño? ¿tiene sentido hablar de felicidad en estos casos? ¿podría un régimen político o un marca comercial manipular a su antojo nuestras desavenencias con ellos?

Y me temo que son sólo preguntas retóricas, porque la tecnología está ahí y podrá hacerse. Incluso, quizás, ya se esté haciendo.

Fuente: El Lagarto en tu laberinto

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