Un científico en condiciones precarias, uno más

Alberto López-Bueno tiene un excelente historial científico a sus 34 años, con varios trabajos presentados en revistas de alto nivel internacional. Ahora celebra uno de esos momentos importantes en la carrera de un investigador: cuando se presenta en una revista importante –Science en este caso- un artículo, con su nombre en primer lugar, en el que un equipo de investigación da a conocer un descubrimiento. Llegar a esas publicaciones es muy difícil, ya que el nivel de exigencia es muy alto y las evaluaciones para elegir lo mejor del mundo, rigurosas. El líder y responsable de la investigación es el jefe de Alberto, Antonio Alcamí, virólogo reconocido internacionalmente.

Pero la vida de López-Bueno parece llevar dos vías paralelas: una, la científica, con éxito; y otra, la del calvario de becas y contratos temporales que, como él dice, “siempre llevan la etiqueta de contrato en prácticas o por obra y servicio“. Acabó la tesis doctoral hace siete años, explica, tiene dos licenciaturas, lleva investigando desde hace once, dirige tesis doctorales.., pero el pasado mes de mayo caducó su último contrato como doctor en el CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas) y se quedó en paro.

Gracias al dinero de otros proyectos de investigación del laboratorio de Alcamí, pudieron hacer un contrato de licenciado a López-Bueno. Cobra 1.450 euros al mes y esta en situación precaria, pero para él este contrato fue un respiro cuando se vio en la calle con la investigación de los virus antárticos aún sin concluir.

Su única opción ahora para seguir siendo científico, dice, es presentarse a un contrato Ramón y Cajal, de cinco años, que son los mejores que se ofrecen a través del Ministerio de Ciencia e Innovación. Pero las plazas son pocas (apenas 350) para toda España y para todas las áreas científicas. López-Bueno sabe que, si no logra un contrato Ramón y Cajal, tendrá que irse a trabajar al extranjero o abandonar la ciencia y guardar este artículo en Science -junto con los anteriores- en el recuerdo de lo que fue su vida como investigador.

RecorteCiencia--300x300Hasta aquí la noticia. A partir de aquí la reflexión: ¿alguien puede entender la política científica de este gobierno y de este país? ¿Se pueden tirar, literalmente, por la alcantarilla 8.000 millones € para abrir y cerrar zanjas por todo el país en lugar de destinar unos pocos cientos de miles de euros a mejorar las condiciones de trabajo de estos científicos? ¿Es razonable reducir un 20% el presupuesto de I+D y haber creado un ministerio de Ciencia y Tecnología?

Y, al pelo de lo anterior, el editorial de Nature del 11/11/2009 arremete con muchos humos y buenas razones contra el recorte presupuestario  en investigación y ciencia del gobierno en sus presupuestos para 2010. O sea, poniendo rumbo a la Edad del Bronce, como termina el artículo.

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