El Mundo según Monsanto

Con un subtítulo muy explicativo: De la Dioxina a los OGM. Una multinacional que les desea lo mejor.

Para quien no lo sepa, Monsanto fue creada en 1905 en Saint Louis (Missouri) es una empresa que, sobre todo a partir de 1929, se rebautiza como Monsanto Chemical Company, entrando en la producción de caucho, fosfatos, PCB, y otros, para entrar décadas más tarde en la fabricación de herbicidas y, en los últimos años, obsesionada por controlar el mercado mundial de semillas, también, y sobre todo, semillas transgénicas.

El libro es ante todo un libro documentado de todo cuanto se menciona en él. La autora, Marie-Monique Robin, es periodista de investigación y documentalista. Ha realizado varios trabajos para la prestigiosa cadena franco-alemana Arte sobre diversos temas de gran interés social. Este es uno de ellos.
El libro (y un documental en el cual se basa) recorre la historia de Monsanto a través de los productos que ha ido sacando al mercado (PCB o policlorobifenilos, dioxinas como 2,4,5-T y 2,4-D responsable de un potente herbicida y del agente naranja empleado en la guerra de Vietnam para desfoliar la selva, de otro herbicida famosísimo en el mundo de la agricultura y la jardinería, el Roundup, la hormona de crecimiento bovina, rBGH, el Roundup redy, y los OGM –Organismos Genéticamente Modificados) y las estrategias tanto científicas como políticas y comerciales de las que se ha valido ­­—y se sigue valiendo— para hacer valer sus intereses económicos y de domino sobre cualquier otro.
El libro pone claramente de manifiesto más que la incapacidad de la agencia de seguridad americana de los alimentos y los medicamentos (FDA) y otros organismos gubernamentales para controlar los intereses de la multinacional: su total falta de escrúpulos cuando de defender los intereses corporativos se trata. Y aún va más allá: la de Saint Louis es capaz de colocar en la agencia a personas de su total confianza en los momentos clave de decisión, cuando se está tramitando la autorización de un producto. Pero no solo ahí: también la OMS y la FAO.

Corrupción al más alto nivel, desinterés por la salud humana, animal o medioambiental, por parte de quienes se dicen ser los guardianes de todo ello. El libro cita el nombre de científicos y funcionarios honestos y con coraje que han denunciado las políticas de la multinacional o han realizado investigaciones para estudiar los efectos de sus productos quienes han pagado con creces ese atrevimiento.

Muy recomendable su lectura, aunque a menudo da escalofríos creer lo que dice. Pero ya estamos acostumbrados.

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