Por tu bien
¿Y si fuéramos los hombres quienes pariésemos? ¿Por fin? Eso de lo que tanto, en broma, todos hemos hablado tantas veces: que si los hombres no sabemos lo que es parir, que si no soportaríamos el dolor, que si somos unos quejicas, .. Pues ahora Iciar Bollain ha hecho un corto poniendo en escena a Luis Tosar en el apretado papel de un padre que va a dar a luz.
¿A qué llamamos recuperación?
Mucho se está hablando de recuperación sí, recuperación no. Y nos están mareando la cabeza día sí y día también con cifras de deuda, de crecimiento, de ventas, de parados, … Todo para confunidr, para salir en la foto, en el medio, para parecer experto o experta de turno con la solución en la punta de la lengua. Ya no me creo nada. Aquí solo podremos decir que hemos salido de la crisis cuando se recuperen los valores de honestidad, transparencia, solidaridad, justicia y respeto al otro. Y cuando esos valores se traduzcan en acciones tales como delvolver el dinero prestado y dedicarlo para lo que realmente debe de servir el dinero: para poder vivir; cuando veamos que la riqueza se reparte entre quienes menos tienen o, dicho de otro modo, pagan más impuestos quines más dinero tienen; cuando se pongan límite a los ingresos, se respete el medio ambiente, se ponga freno al crecimiento y al consumo, se dediquen de verdad medios y trabajo para erradicar el hambre, la miseria, la ignorancia. ¿Creen que estamos, de verdad, en la senda de la recuperación?
Viejas y nuevas civilizaciones
Una manera de entender el mundo puede ser la de clasificarlo antendiendo a la antigüedad de las civilizaciones que existen en él y la cultura y los valores que cada una representa. Así, podemos hablar de culturas o civilizaciones antiguas y nuevas. Las primeras pertenecen a las que han pervivido a través de los siglos y las nuevas las que han aparecido en los últimos tiempos. De las antiguas tenemos la civilización india, china, europea, la islámica, las culturas primitivas … Y de las nuevas destaca con luz propia la americana, la nueva civilización por excelencia. Las antiguas están desapareciendo rápidamente o están siendo absorbidas, succionadas más bien, por la nueva civilización (¿?) o, menos pretenciosamente, por el modo de vida americano. Las antiguas civilizaciones, podríamos decir de una manera un tanto superficial, se caracterizan por haber transmitido unos valores, unas formas de vida y de relación con el entorno más o menos equilibrado, lo cual les ha permitido la supervivencia a través de miles de años. La nueva, lo está destruyendo todo, poniendo en peligro la vida, haciendo desaparecer la idea y la posibilidad de futuro. Generando miseria y destrucción alli por donde pasa. Ahora esa miseria no se limita solo a los países pobres, está llegando también a los ricos en forma de endeudamiento, destrucción de empleo y deterioro medioambiental. Es paradógico que en la era de la ciencia, la tecnología, la información, de reconocimiento de los derechos humanos, se esté generando más miseria, sufrimiento y destrucción a todos los niveles que en ninguna otra época anterior de la historia. ¿Podemos acabar con esta nueva civilización, con esta forma de entender la vida y de vivirla? ¿O es demasiado tarde?
Quiénes y dónde (nos) manejan el cotarro
¿Quién decide realmente por donde deben de ir las cosas? ¿Quiénes deciden o dan el visto bueno a los líderes políticos de los países desarrollados o en vías de desarrollo? ¿Dónde lo hacen? ¿Cuál es el papel de los medios de comunicación? ¿A qué intereses están sirviendo realmente? ¿Existen realmente grupos de poder tan reducidos y selectos co capacidad de dirigir el mundo? ¿o son solo paranoias de algunos ciudadanos?. Por si a estas alturas todavía alguien no se ha caído del guindo o cree que los niños vienen de París o que muchos prebostes son personas abnegadas, pupulares y, sobre todo, preocupadas por el bienestar de nosotros, los pobres ciudadanos de a pie escuchen a Arcadi Oliveres y caigánse del guindo:
Club Bilderberg. Entrevista a Arcadi Oliveres from AttacTV on Vimeo.
Desvelando el lado oscuro de la gripe A
Es curioso que con todo lo que nos han estado mareando y alarmando durante el verano sobre la gripe A, con las declaraciones continuas de los responsables de sanidad, las medidas y cambios adoptados por la OMS respecto a esta gripe y sus consecuencias, con todo ello, digo, luego se produjo un silencio: alguna noticia suelta. Pero ¿cuándo ocurrió esto? En el momento en el que se decidió que había que fabricar una vacuna contra la gripe y los países empezaron a hacer sus pedidos millonarios (en dosis y en dinero). Pero en todo esto hay algo que siempre ha olido mal, desde el principio, y en la red ha circulado información denunciando muchas irregularidades.
En este vídeo, una monja benedictina, doctora en medicina, Teresa Forcades, explica con claridad, concisión y datos, toda la secuencia temporal del virus, la vacuna, etc. y se hace preguntas, como todos nosotros:
Algunos medios de comunicación arremetiron contra ella de manera poco inteligente, y aquí tenemos un análisis minucioso de los artículos que aparecieron en dichos medios.
Y por si esta información no llega a convercer, podemos escuchar esta otra de , Jane Burgermeister, periodista especializada en temas médicos y habitual colaboradora en revistas científicas de prestigio, hasta el momento en que difundió sus informaciones sobre la vacuna.
Tiempo después de escribire esta entrada leo este magnífico artículo de Sagrario Arana en defensa de Teresa Forcades y su tesis y abochornando a dos medios de comunicación que sacaron varios artículos desacreditándola pero consiguiéndo, finalmente, poner a la luz sus cortas miras y sospechosos intereses. No dejen de leerlo.
Educación: libros de texto y nuevas tecnologías
Seguimos educando como si el tiempo no hubiese cambiado. Como si las últimas décadas no hubieran traído cambios en la manera de hacer las cosas y de organizar diversos aspectos de la vida social y económica, en las herramientas con las que las hacemos o en la forma en las que las pensamos. Enseñamos como al principio de institucionalizarse la enseñanza. Y así de mal nos va. Los maestros quieren recuperar prestigio, orden y autoridad en las aulas, sin cuestionarse su papel de odres del conocimiento, ni aún el propio conocimiento ni la metodología con la que enseñan; se sienten correa de transmisión de los saberes a sus jóvenes pupilos a quienes con ligereza tachan de ignorantes sencillamente porque los evalúan con los conocimientos que ellos mismos tienen o creen tener, pero sin tener para nada en cuenta todo lo que ellos mismos ignoran. Seguimos utilizando los libros de texto como las biblias del aprendizaje; aprender lo que está en esos libros es signo fiable de inteligencia, de aprovechamiento, de aplicación en el estudio, es la base para el porvenir de los alumnos y alumnas. Y los maestros los ratifican en sus informes, en sus evaluaciones, en sus notas. Quien aprende lo que dicen esos libros es calificado como apto, quien no lo aprende es un fracasado escolar y empieza a ser o a tener muchas papeletas para convertirse en un inadaptado social. Los jóvenes pronto empiezan a darse cuenta (y más ahora en la crisis de 2009 que nos azota) que la vida, la calle, las listas del desempleo, están llenas de personas que un día fueron alumnos aventajados, aplicados, y que posiblemente también hayan sido empleados concienzudos, responsables, productivos, pero que, por circunstancias que escapan del todo a su control y que son cosas del mercado laboral, de la globalización —nos dicen, pero ese es ya otro asunto—, hoy en día se encuentran sin empleo, peregrinando con sus currículos de buenas notas, de experiencia laboral, perdidos en el camino a mitad de la vida o en el momento en que ésta promete desarrollarse de manera más plena. Es como si el fracaso escolar se estuviera trasvasando lenta y sigilosamente hacia el fracaso laboral, que es tanto como decir a la vida. Pero los maestros no son los responsables, los culpables únicos, de estas vidas y talentos arruinados o desaprovechados. Hay otros.
Seguimos educando con libros de texto, básicamente. Que es casi lo mismo que reducir la inmensidad del océano en una botella de agua salada y decir que eso es el mar, toda la mar. Pero los libros de texto son muy rentables, no para los alumnos y su aprendizaje. Y muy cómodos para ser enseñados a los alumnos: solo a quienes se adaptan a estudiar con ese material, por supuesto. Educamos según señala y constriñe la ley de educación del momento (y en veinte años llevamos experimentadas seis leyes de educación y cosechando fracasos cada vez mayores), como si la enseñanza, la esencia de la misma del saber y del conocimiento, pudiera insuflarse promulgando una ley orgánica, unos cuantos decretos que la concreticen, un inspección que supervise su cumplimiento. La ley es lo más próximo al palo y la realidad es obstinada para caminar derechita en la dirección que marca la ley.
Vivimos en una época en la que cualquier aspecto de la vida está rodeado de conocimiento, pero desdeñamos el saber como si fuera una bagatela, un trapo sucio o una carga pesada. No sabemos cómo despertar en el alumnado el interés por ese conocimiento sin el que no podemos vivir de la manera que lo hacemos hoy en día. Gastamos en educación cifras enormes de nuestros recursos económicos sin conseguir los resultados que nos marcamos. Algo no va bien.
Hemos desarrollado nuevos e inusitados medios y tecnologías para fijar, difundir, acceder y compartir el conocimiento. Algo impensable (y no siempre deseado por todos) hace tan solo unas décadas. Por fin, podemos afirmar, o, mejor aún, sentir y tocar con nuestras manos y ver con nuestros ojos, que los saberes, los conocimientos son más democráticos y universales, pues, a fin de cuentas, el saber, con todas las mayúsculas que se quiera, es fruto del esfuerzo colectivo, aunque en su descubrimiento y difusión unos hayan participado más activamente que otros. La escuela no ha sabido, o no la han dejado, beneficiarse de esos avances tecnológicos para incorporarlos en su quehacer cotidiano y que sirvan al aprendizaje de los alumnos. La escuela sigue encerrada sobre si misma, prisionera de su propia inercia y como ajena y extraña al mundo que se mueve a su alrededor. No quiero decir que esté aislada de ese mundo, pero sí que no da la sensación de formar parte de él de una manera (pro)activa.
La educación sigue estando atrapada en la red más amplia y totalitaria de la política, del poder, como siempre: vigilada, supervisada, consensuada, regulada, dosificada. Algo contrario a la naturaleza misma del conocimiento. Los políticos, quienes quiera que sean, no se han dado cuenta de que uno de los rasgos definitorios de la sociedad actual es que el conocimiento ha roto los diques contenedores en que estuvo encerrado en otros tiempos, en todos los tiempos. Y ello a pesar de la propia educación y gracias a ella y también por las oportunidades de difusión tan grandes que permiten las nuevas tecnologías.
¿Qué sentido tiene en este nuevo contexto seguir empeñados en promulgar una nueva ley de educación? ¿Qué significa “un (nuevo) consenso en materia de educación” entre los políticos? ¿Y si no hubiera ninguna ley de educación? ¿Nos irían las cosas peor de lo que van? ¿Qué sentido —salvo el económico para quienes los editan como si ello fuera una especie de subvención encubierta— tienen en la actualidad los libros de texto como forma preponderante, primordial y, en muchos casos, exclusiva de acceder al conocimiento en la escuela? ¿Hasta cuando el papel del maestro como transmisor de ese conocimiento encerrado en los libros de texto y minuciosamente supervisado y autorizado por el engranaje político-administrativo de turno? Necesitamos un modelo educativo mucho más variado, abierto, dinámico y flexible que atienda a la diversidad tan amplia de intereses, capacidades, aptitudes y circunstancias personales de los alumnos, de sus familias y contextos sociales en los que se ubican los centros escolares para que ni uno solo de esos alumnos pueda ser considerado fracasado en su proceso educativo. La educación es un tesoro, efectivamente, y cada alumno y alumna, cada profesor y profesora deben de ser una joya muy valiosa de ese tesoro. Ese nuevo o distinto modelo educativo debe de ser tal que incorpore otros campos del saber y del conocimiento que hoy están fuera de él por considerarlos tradicionalmente poco académicos. ¿Debemos todos aprender latín o filosofía?, ¿matemáticas o lengua extranjera?, Pues probablemente, todos, no; y menos al mismo nivel y en el mismo tiempo, pero es deseable que quien lo quiera aprender pueda hacerlo, y bien y a fondo. Y quienes no quieran hacerlo o no puedan, por la razón que fuera, puedan hacer otras cosas. ¿Qué hay de malo o perverso en proponer como alternativa a aquellos alumnos para quienes la educación que les ofrece la escuela en ese momento de su desarrollo (y estoy pensando en la enseñanza obligatoria) otras alternativas (a tiempo parcial) alejadas de lo académico, del aula, de lo cognitivo o memorístico y hacer actividades (igualmente educativas) que impliquen otras aptitudes distintas: manualidad, creatividad, expresividad, cuidado o cualesquiera otras de índole concreto y aplicación práctica. Es fundamental que los docentes tengan más capacidad para decidir en cada momento, con cada grupo de alumnos, qué enseñar y cómo hacerlo, apelando a su conocimiento, profesionalidad y experiencia, teniendo así una participación activa y creativa en lo que es sustancial a su trabajo, sin estar encorsetados por la regulación y control administrativo que señala de antemano el camino por el que ha de transcurrir el quehacer pedagógico de cada alumno, cojee o camine ligerito por él. Es necesario valorar que cualquier aprendizaje, cualquier conocimiento o competencia del que la sociedad puede beneficiarse es válido y premiado su dominio y no solo aquellos académicamente establecidos de antemano (por endogamia y vanidad del propio sistema que los propone). Es fundamental que los maestros para su labor de guías y facilitadores del aprendizaje y los alumnos como agentes activos y participativos de su formación incorporen y hagan uso de las nuevas tecnologías para su aprendizaje quebrando el papel tan asimétrico que ahora mismo tienen los unos respecto de los otros.
Llevamos, por poner una fecha, ¿quince años? de convivencia y familiarización con los ordenadores. Sin embargo, para muchos alumnos y jóvenes el uso del mismo no está asociado ni en su práctica ni en su mentalidad como una herramienta de trabajo, de aprendizaje, más allá de presentar un trabajo o buscar una información puntual. El ordenador, piensa y hace la gran mayoría, es para otras cosas. Proponer (y además hacerlo como si fuera una idea brillante que va a llevar al sistema educativo al camino del éxito) el uso de ordenadores individuales a partir de quinto curso de primaria, me parece, sin ser experto, un disparate más en una larga lista de disparates con los que se ha ido, como improvisando, el actual sistema educativo. Y un despilfarro y un engaño para todos.
Nadie puede ni nadie sabe cómo va a ser el futuro que entre todos estamos construyendo y, por tanto, tampoco sabemos el tipo de conocimientos, competencias y trabajos que va a demandar a quienes vivan en él. Es por tanto deber de todos trabajar y pensar para que la educación actual sea lo más abierta, comprehensiva y eficaz posible sin dejar a nadie fuera, haciendo de sus usuarios seres humanos capaces de afrontarlo con las herramientas y conocimientos que han adquirido en su etapa de formación.
Un científico en condiciones precarias, uno más
Alberto López-Bueno tiene un excelente historial científico a sus 34 años, con varios trabajos presentados en revistas de alto nivel internacional. Ahora celebra uno de esos momentos importantes en la carrera de un investigador: cuando se presenta en una revista importante -Science en este caso- un artículo, con su nombre en primer lugar, en el que un equipo de investigación da a conocer un descubrimiento. Llegar a esas publicaciones es muy difícil, ya que el nivel de exigencia es muy alto y las evaluaciones para elegir lo mejor del mundo, rigurosas. El líder y responsable de la investigación es el jefe de Alberto, Antonio Alcamí, virólogo reconocido internacionalmente.
Pero la vida de López-Bueno parece llevar dos vías paralelas: una, la científica, con éxito; y otra, la del calvario de becas y contratos temporales que, como él dice, “siempre llevan la etiqueta de contrato en prácticas o por obra y servicio“. Acabó la tesis doctoral hace siete años, explica, tiene dos licenciaturas, lleva investigando desde hace once, dirige tesis doctorales.., pero el pasado mes de mayo caducó su último contrato como doctor en el CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas) y se quedó en paro.
Gracias al dinero de otros proyectos de investigación del laboratorio de Alcamí, pudieron hacer un contrato de licenciado a López-Bueno. Cobra 1.450 euros al mes y esta en situación precaria, pero para él este contrato fue un respiro cuando se vio en la calle con la investigación de los virus antárticos aún sin concluir.
Su única opción ahora para seguir siendo científico, dice, es presentarse a un contrato Ramón y Cajal, de cinco años, que son los mejores que se ofrecen a través del Ministerio de Ciencia e Innovación. Pero las plazas son pocas (apenas 350) para toda España y para todas las áreas científicas. López-Bueno sabe que, si no logra un contrato Ramón y Cajal, tendrá que irse a trabajar al extranjero o abandonar la ciencia y guardar este artículo en Science -junto con los anteriores- en el recuerdo de lo que fue su vida como investigador.
Hasta aquí la noticia. A partir de aquí la reflexión: ¿alguien puede entender la política científica de este gobierno y de este país? ¿Se pueden tirar, literalmente, por la alcantarilla 8.000 millones € para abrir y cerrar zanjas por todo el país en lugar de destinar unos pocos cientos de miles de euros a mejorar las condiciones de trabajo de estos científicos? ¿Es razonable reducir un 20% el presupuesto de I+D y haber creado un ministerio de Ciencia y Tecnología?
Y, al pelo de lo anterior, el editorial de Nature del 11/11/2009 arremete con muchos humos y buenas razones contra el recorte presupuestario en investigación y ciencia del gobierno en sus presupuestos para 2010. O sea, poniendo rumbo a la Edad del Bronce, como termina el artículo.

Dos cavan juntos
Dos cavan juntos y el mundo, a sus pies, se hace más pequeño, dando la sensación de poderlo moldear a su antojo. Dos cavan y el mundo se para. De repente se hace humano. Brota de la extremidad de los dedos, de la profundidad del cerebro, el instinto, dormido, de escarbar, de buscar en lo que tenemos más próximo, donde sospechamos que podemos econtrar algo. Cavando buscamos algo que intuimos la tierra tiene guardado para nosotros desde siempre. Dos cavan juntos y se entiende que uno no es poco, es nada, ante la inmensidad del trabajo que hay que realizar, el gozo que tenemos por disrutar. Cavando, uno entiende cuán difícil ha debido de ser progresar, evolucionar, y aprender todo lo que ahora, aun sabiendo, lo estamos olvidando. Cavar es volver a los principios, a la raíz, al momento en el que tuvimos la certeza de que podíamos hacernos dueños del mundo si eramos capaces de extraer del suelo, y con nustro esfuerzo y astucia, el alimento para la vida, el agua para el alimento, el alimento para la boca, el alimento para entender por qué la naturaleza producía plantas y nosotros no. Cavar nos enseñó que podíamos ser inmortales.
Lecturas, lecturas y más lecturas
Como me resulta muy difícil poder reseñar uno por uno cada libro que leo (y no es porque lea tantos), voy a hacer una única entrada para hablar de los últimos leídos, empezando por el que acabo de terminar anoche mismo.
Parece imposible
Desde la última entrada al blog parece imposible que haya pasado tanto tiempo, pero en realidad ha pasado y no he sido capaz (o no he tenido tiempo o interés) de colgar una nueva. No importa. No tengo ninguna obligación para con el blog. Faltaría más. De heho he pasado casi dos meses sin contacto con el ordenador, ni con Internet y, mucho menos, con el blog. ¡Y no se vive tan mal! Se siente un poco de ansiedad, uno puede sentir que vive desvinculado del mundo, aislado y todo eso. Pero si ese vacío de la red se llena con unos buenos amigos, actividades al aire libre y vida tranquila, la ansiedad desaparece y el tiempo se disfruta de otra manera, como en los viejos tiempos. Volver a aquellas épocas de la vida (de la existencia, que es lo que al fin de cuentas es la vida) en las que nada sabíamos de la red y aún cuando ésta ni siquiera existía: eso era felicidad; o, al menos, así nos lo parecía.